¿Cómo es el hombre?
El originador del mal
La rebelión de Satanás: ¿Quién alteró el equilibrio natural de la creación? (Ez. 28:11-17; Is. 14:12-14).
Nota: Dios no creó a Satanás, que significa “adversario, acusador”. Dios creó a Lucifer, que significa “portador de luz o de la voluntad de Dios”. Lucifer fue dotado cuando fue creado, al igual que el hombre, de libre albedrío. Su decisión equivocada no fue fruto de un defecto de fábrica sino a su libre capacidad de decidir y elegir. Desafortunadamente, Lucifer cuestionó el carácter de Dios y se rebeló contra su autoridad. La primera alteración ocurrió en el cielo, por eso el cielo mismo se implica en solucionar el problema. Dios no eliminó a Satanás (la solución humanamente más viable) por dos motivos: 1) El mal debía desarrollarse y poner de manifiesto sus principios; 2) Su aniquilación hubiera desarrollado en las demás criaturas una obediencia basada en el temor a ser aniquilado, más bien que en el amor, que es el fundamento del gobierno de Dios.
La serpiente es Satanás: ¿Quién habló por medio de la serpiente? (Ap. 12:9).
Nota: Eva quedó maravillada al ver que la serpiente, el animal más bello del Edén, le hablaba. La serpiente en realidad le estaba diciendo a Eva: -Mira, después de comer esta fruta puedo hablar. Imagínate que podrás hacer tú que ya hablas. ¿Te lo imaginas? ¡Serás como Dios! Así Satanás estaba transmitiendo a la tierra la rebelión que él mismo liderara en el cielo.
LAS CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA
En nuestro medio:
- La caída afectó a la tierra y a los animales: ¿Cómo describe Pablo el estado en el que se encuentra nuestro mundo después del pecado? (Gn. 3:16-19; Ro. 8:22).
Nota: La caída alteró y modificó negativamente la creación original de Dios. Las consecuencias de la rebelión son evidentes en nuestro planeta: contaminación, corrupción, destrucción y muerte tanto de animales como del medio ambiente. También son evidentes en el ser humano: dolor, enfermedad, muerte y relaciones interpersonales rotas entre el hombre y la mujer a tres niveles: 1) ruptura con Dios; 2) ruptura consigo mismos y 3) ruptura entre ellos mismos.
En ti mismo:
- Alteraciones físicas: ¿Cuál es el salario o la paga del pecado? (Gn. 3:19; Ro. 6:23).
Nota: El pecado introdujo la muerte y todo tipo de enfermedades. Pablo deja claro que no es Dios quien se complace en la muerte del hombre sino el pecado. La nómina del pecado es la muerte, la no existencia, la nada. Ante esta realidad, ¿quién quiere seguir trabajando para el pecado? - Alteraciones psíquicas o morales: ¿Qué otro desagradable honorario nos ha legado la caída?
- Inclinación y tendencia al mal (Ro. 7:14-15, 18-23; Gá. 5:19-21; Mr. 7:21-23).
Nota: Todos nacemos con una inclinación inherente a hacer lo malo. Nadie tiene que enseñarle a un niño a ser egoísta. Por el contrario, tenemos que reforzar en ellos el hábito de compartir para que deje de decir: -¡Mio, mio! - Impotencia (Ro. 8:7).
Nota: No sólo nacemos con la tendencia a hacer lo malo (quien no se ha preguntado alguna vez: -¿Porqué es más fácil hacer lo “malo” que lo “bueno”?), sino que además somos incapaces por nosotros mismos de hacer lo que Dios manda. Y esto por una sencilla razón: nacemos siendo enemigos de Dios. A nosotros nos toca decidir si queremos ser amigos de Dios o si queremos continuar enemistados con Él. Dios como buen amigo que es, nunca nos forzará a tomar decisiones que no queramos tomar, porque Él respeta nuestra elección, aún cuando ésta no sea la mejor. - Alienación (Gn. 3:8; Ef. 4:18).
Nota: El mal y la culpabilidad hacen que nos escondamos de Dios y sintamos miedo de su presencia. Pero Dios no nos llama para aniquilarnos, sino todo lo contrario, nos llama para que asumamos nuestra condición y respondamos positivamente a su amor. - Separación de Dios (Is. 59:2).
Nota: Nuestras malas acciones nos separan de Dios. Pero, además, todos por naturaleza nacemos separados de Dios debido a la herencia que Adán nos ha transmitido. Antes de la caída Adán se relacionaba con Dios como quien se relaciona con sus padres, pero la caída rompió esa libre comunicación.
Un llamado:
La mayor invitación: ¿Qué invitación nos hace Dios? (Mt. 11:28-30).
Nota: ¿A quién no le gusta que le inviten a asistir a una cena, o a una fiesta, o cualquier otro acto importante con todos los gastos cubiertos? Jesús hace la mayor invitación que alguien haya hecho alguna vez, y te la hace a ti. No la rechaces. Acéptala. ¡Vale la pena! Él desea ser para ti el antivirus por excelencia que anula el efecto del virus del pecado que Satanás introdujo en nuestro disco duro y hace posible restablecer la configuración moral original que nos fue dada cuando fuimos creados.
Por Jónatan Dolcet