En el principio
El plan original de Dios para el hombre: la creación
La creación original: ¿Cómo era la creación original de Dios? (Gn. 1:31; Sal. 19:1-2).
Nota: El mundo en su estado original era un lugar hermoso y perfecto donde reinaban la paz y la armonía. Todo fue hecho bueno “en gran manera” como dice el texto. Podemos maravillarnos del poder y la gloria de Dios cuando tomamos tiempo para contemplar durante la noche el vasto firmamento.
La creación del hombre: ¿A imagen y semejanza de quién fue creado el hombre? (Gn. 1:26-27).
Nota: El hombre en su estado original reflejaba no sólo la imagen física de Dios, sino también su imagen moral. Dios diseñó a la raza humana de manera plural: “varón y hembra los creó”. Así el ser humano en su pluralidad no hace más que reflejar la pluralidad de Dios confirmada en el plural “hagamos” del versículo 26. Esta pluralidad se refleja en el ser humano en tres perspectivas: 1) Plano físico o sensorial: lo que sentimosy percibimos del mundo material por medio de nuestros sentidos; 2) Plano mental y social: las relaciones interpersonales (yo-tú) en las que se incluyen las relaciones familiares y las relaciones propias particulares (yo-yo); 3) Plano espiritual: las relaciones con Dios (Dios-yo).
La creación de la mujer: ¿Qué posición tenía Eva respecto de Adán? (Gn. 2:18, 21-22).
Nota: Dios hizo a Eva a partir de una costilla de Adán y no de alguna parte inferior o superior de su cuerpo. Esto significa que Eva estaba al lado de Adán como su igual, para ser amada y protegida por él. El hombre encuentra su máxima plenitud y realización en unión con la mujer, la cual constituye su ayuda idónea (Gn. 2:20), dentro de un marco de respeto, de confianza y de amor.
Qué es el hombre: ¿Cómo fue formado el hombre y qué materiales usó Dios? (Gn. 2:7).
Nota: Dios modeló al hombre como el hombre modela el barro para darle forma. Lo modeló con cariño, con esmero y con amor. El texto dice que el hombre es el resultado de unir el polvo de la tierra (barro) y el soplo o aliento de vida que procede de Dios. Polvo (adamáh)+Soplo (nešamáh)= Ser o alma viviente (néfeš). De esto se deduce una cosa muy importante: el hombre no tiene un alma, sino que el hombre es un alma. “Alma” es la traducción más usada para la palabra hebrea néfeš que significa, principalmente, “vida” y “persona”.
INSTITUCIONES DIVINAS: LOS REGALOS DE DIOS PARA EL HOMBRE
El matrimonio: ¿Quién realizó la primera boda? (Gn. 2:24; Mt. 19:4-6).
Nota: Dios mismo casó a nuestros primeros padres. Dios puso vínculos de amor entre el hombre y la mujer. De esta manera estaba sancionando el matrimonio heterosexual.
El hogar: ¿Cuál fue el primer hogar del hombre? (Gn. 2:8).
Nota: Fue Dios mismo quien proveyó el primer hogar para la primera pareja. Dios no sólo nos creó sino que se preocupó por nosotros ofreciéndonos lo mejor. Era su regalo particular de boda.
El descanso: ¿Qué regalo ofreció Dios al hombre como muestra de su amor? (Gn. 2:1-3; Mr. 2:27).
Nota: El sábado o séptimo día es el regalo más especial de Dios para la humanidad. Dios se proponía que el hombre descansase y recordase durante ese día que todo lo que tenía era un regalo de Dios. El sábado nos sigue recordando que existe un Creador que nos modeló con sus propias manos y que nos ama profundamente; el sábado nos recuerda de dónde procedemos y hacia donde vamos y es el día más indicado para disfrutar de la creación que todavía hoy sigue hablando de Dios.
RESULTADOS DE LA CREACIÓN: EL INSTINTO DE ADORACIÓN Y FRATERNIDAD
Dios merece ser adorado: ¿Quién es el único digno de recibir nuestra adoración? (Sal. 95:6).
La fraternidad humana: ¿Cuál es el fundamento de la fraternidad humana? (Mal. 2:10).
Nota: En todo ser humano existe el deseo de adorar. El hombre encuentra el equilibrio sólo cuando adora al Dios Creador y reconoce que los demás son fruto del amor de Dios. Todos somos iguales por creación y por redención.
Un llamado:
La plenitud de ser humano: ¿Dónde encuentra el hombre su plenitud? (Sal. 95:6; Ef. 3:19).
Nota: En el reconocimiento de que Dios es nuestro amante Creador reside la plenitud del ser humano, sabiendo que fuimos creados a imagen y semejanza de la divinidad y que sólo volviendo a Dios podemos encontrar el verdadero sentido a nuestra existencia. Dios quiere configurar su imagen en ti. ¿Deseas que Él lo haga?
Por Jónatan Dolcet