Salvación en Jesús

PROMESAS DE REDENCIÓN

Planificando la restauración: ¿Cuándo fue ideado el plan de la restauración o reconfiguración? (Ap. 13:8; Ro. 16:25; 2ª Co. 2:7).
Nota: La tentación y posterior caída del hombre no cogió por sorpresa a Dios. Él en su omnisciencia había ideado un plan para salvar al hombre del mal. Dios hizo un compromiso consigo mismo: si el hombre se estropeaba Él nunca nos abandonaría. Inmediatamente surge la pregunta: ¿Si Dios sabía lo que iba a suceder con su creación por qué nos creó? La respuesta: ¿Y por qué no hacerlo? Al fin y al cabo todos estamos destinados  a salvarnos. Sólo nuestra decisión puede impedir que Dios cumpla su propósito en mí. Por otro lado, no podemos obviar la cruz. Dios sabía perfectamente lo que le iba a costar la salvación del hombre: su propia vida, porque finalmente Jesús es Dios.

El primer anuncio de salvación: ¿Qué prometió Dios al hombre después que hubo pecado? (Gn. 3:15).
Nota: Tan pornto como hubo pecado, hubo un Salvador del pecado. Dios no dejó que el hombre sufriera eternamente las consecuencias de su transgresión. Prometío que él mismo iba a encarnarse para sufrir las consecuencias de nuestro pecado. De la simiente de la mujer nacería Jesús. El Creador haciéndose criatura (Jn. 1:1-3, 14) y sufriendo tortura y muerte a manos de sus criaturas (Jn. 1:11) para poder salvarlas supone un acto demasiado profundo para llegarlo a entender. Pero entender este acto salvador es vital para empezar a comprender el gran amor de Dios por nosotros (Ef. 1:17; 3:14-21). Jesús es, de hecho, el hombre restaurado por antonomasia y todo ser humano está llamado e invitado a ser como Jesús: amante, bondadoso, dócil, íntegro, noble, transparenre (Ef. 4:13; 1ª Jn. 5:12).

EL SUJETO DE LA SALVACIÓN

Un único Salvador: ¿Quién es el único Salvador? (Hch. 4:12; Mt. 1:21; 18:11).
Nota: El hombre, como ya vimos, es totalmente impotente a la hora de salvarse. Sólo en Jesús podemos encontrar salvación.

Liberación del mal: ¿Por quién y de qué es libertado el hombre que reconoce su condición? (Jn. 8:34-36; 1ª P. 1:18-20).
Nota: La libertad que ofrece Jesús se opone radicalmente a la esclavitud del pecado o del mal. No hay términos intermedios: o somos libres o somos esclavos. Sólo aquel que reconoce su esclavitud está en condiciones de apreciar y valorar la libertad que Jesús anhela ofrecernos.

¿Cómo demuestra Dios hoy su amor por ti y por mí? (Jn. 12:32)
Nota: “Jesús dijo: ‘Yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo’ (Jn. 12:32). Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que murió por el pecado del mundo; y mientras contemplamos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a revelarse a nuestra mente, y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento. Al morir por los pecadores, Cristo manifestó un amor incomprensible; y a medida que el pecador lo contempla, este amor enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición al alma… El pecador puede resistir a este amor, puede rehusar ser atraído a Cristo; pero si no se resiste, será atraído a Jesús; el conocimiento del plan de la salvación le guiará al pie de la cruz, arrepentido de sus pecados, los cuales causaron los sufrimientos del amado Hijo de Dios… Tú, en cuyo corazón existe el anhelo de algo mejor que cuanto este mudo pueda dar, reconoce en este deseo la voz de Dios que habla a tu alma” (El Camino a Cristo, págs. 27-28).

SALVADOS POR AMOR

Beneficiarios de la salvación: ¿Para quién es la salvación? (Hch. 2:39-40; 1ª Ti. 1:15; Tit. 2:11; Ap. 22:17).
Nota: Dios quiere que todos sean salvos porque en la cruz del calvario se dio por todos. Él no nos preguntó si le ibamos a aceptar antes de morir. Es en este punto donde se muestras el amor para con nosotros tal y como expresa el apóstol Pablo en Romanos 5:6-8.

Amor incomprensible: ¿Cuál fue la motivación que impulsó a Dios a darse por nosotros? (Jn. 3:16).
Nota: Jesús redefinió la palabra amor. Su sacrificio en la cruz no fue un acto heróico mediante el cual él se salvaba a sí mismo y al mismo tiempo salvaba a la humanidad perdida, ya que él experimentó la muerte por todos. Su muerte era un adios a la vida. Es cierto que al tercer día resucitó, pero no es menos cierto que cuando expiró ninguna esperanza de vida alumbraba el sepulcro. La Biblia nos habla de dos muertes: la primera, que es temporal, y que todos tenemos que afrontar, y la segunda, que es eterna, y que experimentarán aquellos que han rechazado el regalo de la salvación. Jesús nos salva, evidentemente, no de la primera, puesto que todos seguimos sufriéndola, sino de la segunda. Esa es, precisamente, la muerte que el gustó (Heb. 2:9, 14-15).

ILUSTRACIÓN

Un día el pastor George Thomas llegó a la iglesia cargando una jaula de pájaros mohosa, doblada y vieja, y ante la sorpresa de todos los presentes la colocó sobre el púlpito. Luego dijo: -Ayer estaba caminando por el pueblo, cuando vi a un joven caminando hacia mí meciendo esta jaula de pájaros. En el fondo de la jaula, había tres pequeños pajarillos salvajes, temblando de frío y de miedo. Detuve al muchacho y le pregunte: -¿Qué llevas ahí, hijo? Son tan sólo unos viejos pájaros, fue la respuesta. ¿Y qué vas a hacer con ellos?, le pregunté. Los voy a llevar a casa y me voy a divertir con ellos, me contestó. Voy a molestarles y a sacarles las plumas y hacerles pelear. Voy a pasar un buen rato. Pero, te vas a cansar de esos pajarillos tarde o temprano. ¿Qué harás con ellos entonces? Tengo unos gatos, dijo el muchacho. Les gustan los pájaros, se los llevaré a ellos. El pastor estuvo callado un momento. ¿Cuánto quieres por esos pájaros, hijo? ¡Eh! Usted no quiere estos pájaros, Señor. Son tan sólo unos simples pájaros viejos del campo. No cantan, ¡ni siquiera son bonitos! ¿Cuánto?, preguntó el pastor otra vez. El muchacho miró al pastor como si estuviera loco y le dijo: -¿diez mil dolares? El pastor busco en su bolsillo y sacó el billete, los colocó en la mano del muchacho; en un segundo, el muchacho desapareció. El pastor levanto la jaula y suavemente la llevó al final del callejón, donde había un árbol y mucho cesped. Poniendo la caja en el suelo, abrió la puerta y, golpeando suavemente los barrotes, convenció a los pájaros que salieran, liberándoles.
El pastor Thomas siguió diciendo: -Un día Satanás y Jesús estaban conversando. Satanás acababa de venir del jardín del Edén y estaba jactándose y vanagloriándose. Sí, Señor, acabo de capturar al mundo. Les tendí una trampa. ¿Qué vas a hacer con ellos?, pregunto Jesús. Satanás respondió: -¡Me voy a divertir! Voy a enseñarles cómo casarse y luego divorciarse, cómo odiarse y abusarse mutuamente, como beber y fumar y maldecir. Les voy a enseñar como inventar armas y bombas, y que se maten unos a otros. ¡Me voy a divertir de verdad! ¿Y qué harás cuando termines con ellos?, preguntó Jesús. ¡Oh, los mataré!, exclamó Satanás orgullosamente. ¿Cuánto quieres por ellos?, volvió a preguntar Jesús. ¡Oye, tú no quieres a esas personas! No valen nada. Los tomarás y simplemente te odiarán. Es más, ¡te escupirán, te maldecirán y te mataran! ¡Tú no puedes querer a esa gente! ¿Cuánto?, preguntó nuevamente. Satanás miró a Jesús y, mofándose, dijo: -Todas tus lágrimas y toda tu sangre. Jesús contestó: -¡HECHO! Entonces Él pagó el precio. Nadie le quitó su vida, sino que El de su propia voluntad la entregó para volverla a tomar (Jn. 10:18). Luego el pastor levantó la jaula, abrió la puerta, y se fue del púlpito.

Un llamado:
Instalando un nuevo hard-ware: ¿Permitirás que Dios te reconfigure? (Ap. 3:20; Gá. 2:20).
Nota: Dios no instala forzosamente nada en el hombre. Si el hombre acepta el programa de restauración, que es Jesús, no será chasqueado. Jesús hará en ti lo que tú no puedes hacer por ti mismo (Fil. 2:13; Heb. 13:20-21). Contémplalo y serás transformado (2ª Co. 3:18).